Un experto asesor en gestión del tiempo quiso sorprender a los
asistentes a su conferencia. Sacó un frasco grande de boca ancha. Lo
colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un
puño, y preguntó: "¿Cuantas piedras piensan ustedes que caben en este
frasco?". Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a
meter piedras hasta que lleno el frasco.
Luego preguntó: "¿Está
lleno?". Todo el mundo le miró y asintió. Entonces sacó un cubo con
gravilla. Metió parte de la gravilla en el frasco y lo agitó. Las
piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras
grandes. El experto sonrío con ironía y repitió: "¿Está lleno?". Esta
vez los oyentes dudaron. La mayoría dijeron que no. Entonces puso sobre
la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se
filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras y la grava.
Preguntó de nuevo: "¿Está lleno?". Ahora todos dijeron unánimemente que
no. Por último, tomó una jarra con un litro de agua y comenzó a verterla
en el frasco. El frasco aún no rebosaba.
Si en nuestra vida introducimos una adiccion, esta llenara todo nuestro "frasco", y en nuestra vida dificilmente podra contar con otras cosas importantes como familia, trabajo, salud, felicidad, ...
El arrepentimiento posee además otra vertiente a tener muy en cuenta, es totalmente inútil.De nada sirve echar la vista atrás, de momento no se conoce forma alguna de volver al pasado a rectificar errores; nos gustaría, lo se, quién en algún momento de su vida no se ha dicho - si pudiera volver sobre mis pasos, situarme en el preciso instante en que dije o hice aquello, o al contrario, en que dejé de hacer o decir… - Olvidémoslo, atormentarse con “lo que pudo haber sido y no fue” no nos llevará a ningún lugar.
Todos hemos conocido chicos y chicas pequeños que acaban siendo personas raras por culpa de una especie de terror a hacerlo mal.
Ese chico, o esa chica, a lo mejor no quiere jugar al fútbol o al baloncesto en el colegio, porque dice -y no es para tanto- que no juega bien. O jamás sale voluntariamente a la pizarra, porque le aterra la posibilidad de no saber contestar perfectamente. O no quiere participar de un juego que no conoce, porque no quiere arriesgarse a ser el perdedor hasta que haya conseguido dominar bien todas sus reglas.
Los perfeccionistas son personas que tienen cosas muy positivas: creen en el trabajo bien hecho, procuran terminar bien las cosas, ponen ilusión en cuidar los detalles.
Pero tienen también bastantes negativas: viven tensos, sufren mucho cuando ven que no siempre pueden llegar a la suma perfección que tanto anhelan, su minuciosidad les hace ser lentos, y con frecuencia son demasiado exigentes con quienes no son tan perfeccionistas como ellos.
Una de las cosas más difíciles de aprender es a equivocarse. No me refiero al hecho en sí de fallar, de cometer un error, que eso es muy fácil. Hablo de equivocarse y no venirse abajo, de saber reconocer un error sin sentirse terriblemente humillado. Que no nos suceda como a Guille, el hermanito de Mafalda, aquella vez que su hermana lo encontró llorando desconsoladamente:
-¿Qué te pasa, Guille?
-Me duelen los pies -responde entre pucheros.
Mafalda se fija en los pies del crío y le explica:
-Claro, Guille, te has puesto los zapatos cambiados de pie, al revés.
Guille, tras un instante para comprobar el hecho indiscutible, comienza a berrear más fuerte. Mafalda le interrumpe:
-¿Y ahora?
-¡Ahora me duele mi odgullo!
Los fracasos son algo connatural al hombre, le siguen como la sombra al cuerpo. Todos nos equivocamos, y normalmente más de lo que creemos. Por eso, cuando los perfeccionistas se derrumban al comprobar que no son perfectos, demuestran con ello ser personas que cuentan poco con la realidad.
Debemos aprender a darnos cuenta de que no es una tragedia equivocarse, puesto que la calidad humana no está en no fallar, sino en saber reponerse de esos errores.
Casi cabría hablar de cinco mandamientos en lugar de cinco arrepentimiento.
Un detalle interesante es que los lamentos de los moribundos se refieren a cosas que no hicieron: la gente no parece arrepentirse de algo que sí hizo. Quizá porque, como dijo Ware en declaraciones a la BBC, “todo lo que hacemos en nuestra vida, bueno o malo, nos ayuda a aprender algo. Por eso es más común arrepentirse de algo que no hicimos”
Estas son las cinco principales cosas de las que se arrepienten los moribundos, de acuerdo con Ware:
1. Ojalá hubiera tenido el coraje de ser fiel a mi mismo y vivir la vida que quería en lugar de la que otros esperaban de mi.
“Este es el arrepentimiento más frecuente. La mayoría de la gente no ha cumplido ni la mitad de sus sueños y va a morir con el conocimiento de que esto se debe a las decisiones que ha tomado o dejado de tomar. La salud trae consigo una libertad de la que muy pocos son conscientes hasta que ya no la tienen”.
2. Me gustaría no haber trabajado tan duro.
“Es la reflexión de todos los hombres a los que cuidé. Echan de menos la infancia de sus hijos y la compañía de sus parejas. Se arrepienten profundamente de haber pasado tanto tiempo en la rutina de una existencia dedicada al trabajo”.
3. Ojalá hubiera tenido la valentía de expresar mis sentimientos.
“Muchas personas suprimieron sus sentimientos para evitar conflictos. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a lo que podrían haber sido capaces de alcanzar. Muchos desarrollaron enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento”.
4. Me gustaría haber estado en contacto con mis amigos.
“A menudo no se percataron de lo valiosos que son los viejos amigos hasta que llegaron al final. Todo el mundo que está muriendo echa de menos a sus amigos”.
5. Ojalá me hubiera permitido ser más feliz.
“Muchos no comprendieron, hasta el final, que la felicidad es una elección. Se mantuvieron apegados a sus antiguos hábitos. El miedo al cambio les hizo fingir, ante ellos mismos y ante los demás, que estaban satisfechos”.
¿Cuantas veces hemos escuchado esta frase de un adicto?
Este es el razonamiento de muchos adictos, para mantener su consumo. La incapacidad para abandonar la adicción, les hace buscar razonamientos irreales para seguir consumiendo. Con esta frase "Yo no hago daño a nadie", queremos culpar a los demás de inmiscuirse en nuestra vida, queremos hacerles entender a los demás que nuestro problema no afecta a otros. Pero cuanto nos engañamos. ¿Como no va a afectar una adicción en nuestro entorno?. ¿Como el estar ebrio delante de nuestros hijos no les va a hacer daño?¿Como haberme fumado varios porros no me va a perjudicar a mi trabajo?
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| No hacemos daño a nadie |
Reducimos el consumo con algo personal e intimo, olvidando que nuestros comportamientos si traspasan e implican a los que nos rodean.
Si yo me meto en el cuerpo una sustancia psicoactiva, es verdad que solo me producirá a mi sus efectos. Pero olvidamos los efectos que yo ocasiono con dicha sustancia en mi cuerpo: conducción temeraria, estados de agresividad o pasividad, perdidas de responsabilidad, ... Todos estos efectos son muy probables que el que los padece no los perciba. Todos hemos conducido con unas copas de mas, y hemos dicho eso de "yo controlo". Pero desde fuera, los que nos rodean, SI perciben todas las conductas y consecuencias desagradables de nuestros consumos.
Yo puedo tener la personalidad "X", buena, mala, regular, ... pero mi personalidad cambia con cualquier sustancia adictiva. Paso a ser otra cosa distinta de "X".
- Una persona atea, que no le gusta la Iglesia, pero todos los años sale de costalero en su hermandad. Lo justifica diciendo que es por los amigos, a la par que defiende a su imagen como la mejor de la Semana Santa.
- Una mujer fumadora lee en una revista que fumar quita varios años de vida. Ella sabe que es cierto pero lo justifica pensando “pero quita los últimos años que son los peores”.
- Catorce adolescentes golpean a una persona anciana hasta el punto de matarle y lo graban en vídeo utilizando sus teléfonos móviles. Los detienen y le preguntan a uno “¿Te das cuenta del mal que has realizado?”, y primero responde “¡si yo sólo le dí un puñetazo!”, ¡entre todos la mataron y ella sola se murió!.
- Una persona conduciendo su coche elige la carretera equivocada y en vez de reconocer el error dice “más adelante hay un cruce que nos lleva a la otra carretera” o “que por esta también llegaremos” o “que ahora no se puede retroceder”. Lo curioso es que esto mismo lo dice aunque no esté acompañada, porque también es necesario convencerse a sí misma
- Un ex alcohólico que se bebe una cerveza, lo justifica diciendo que por una no pasa nada, que lo malo es beber mas de 4, a partir de hay puedes recaer.
1. Que nos pasa a todos. El cerebro viene pre-programado para actuar así.
2. Que, cuándo nos ocurre, los demás se pueden dar cuenta, pero a nosotros nos es muy dificil, incluso cuando los demás exponen el engaño y nos enfrentan a él, aun en esos casos seguimos justificando nuestras incongruencia.
La Disonancia Cognitiva es, uno de los fenómenos que provocan que muchas veces desistamos de enfocar nuevas alternativas, nuevos enfoques a los problemas, desistamos de nuevas estrategias para conseguir nuestros objetivos. Aunque nos estén mostrando las personas mas allegadas y queridas que nos estamos equivocando.






